Estoy aquí. Sola. Protegida por paredes.

Mis pensamientos empujarán las paredes de mi cráneo hasta que lo hagan estallar. Un submundo de ideas dentro de mi cabeza dentro de otro submundo en el que sólo estoy yo. Y sólo entonces, fuera, el mundo real.

La presión es brutal.

Pero ahora, un agujero enorme ha abierto camino directo de mi cabeza al mundo. Estoy sola aquí metida y puedes escudriñar mi cabeza, sólo por tener acceso a internet.

¿Liberador? ¿Claustrofóbico?

Mi cabeza se ha convertido en un museo. Los curiosos se acercan a mirar. De lejos, y con cuidado. ¿Da miedo mi cabeza?

¿Es jugar con ventaja tener acceso a la cabeza antes de llegar al cuerpo? ¿Y qué sé yo de los curiosos? Ir al museo buscando un rato de emoción no es llevarse el cuadro a casa.

El misterio te cautiva.

¿Y?

… Pero no combina con el salón.