Veo dos ediciones de un mismo libro, traducidas por diferentes entes.
Leo la primera página.
Leo la primera página.
Sensación tengo de no leer la misma obra.
Vacío y frío invádenme.
Miro hacia arriba: Una estantería entera de libros de extranjeros traducidos por gozadores de la no-presión que aporta el anonimato empieza a latir fuerte fuerte. Multitud de libros. Multitud de traductores. Interpretadores. Transformadores. Anónimos e invisibles. Libres. Intrusos entre mi personita y el maravilloso autor.
Horror.
¿Y si durante todo el tiempo he estado leyendo a traductores, autores camuflados, en lugar de a los verdaderos escritores, a los mitos deseados? ¿Dónde quedan las verdaderas palabras, el orden de las frases, la elección de sutilezas?
¿Aprender debo, idiomas, para eliminar la incómoda vestimenta que nos separa (al autor y a mí)? ¿Alemán, latín, inglés, japonés, ruso, francés?
¿Factible es? ¿Purista soy? ¿Iniciar debo, una mirada atenta al invisible mediador?
29 Julio 2008 at 11:30
Intrusos entre tú sutil personita y un posible ¿maravilloso? autor, hay todo un mundo,solo del autor que escribe libros sublimes, esos libros estan al alcance de muy pocos, sencillamente se sueñan y son los mejores, entre tú personita y el resto, hay un mundo de dimensiones milimetricas, tan grande y a la vez tan facil de transgredir, me han gustado tús comentarios, nos vemos pronto.
30 Julio 2008 at 10:41
Al final, parece que aún a pesar de la globalización hay distancia distancia distancia… por todas partes. Ay!
Gracias por tu comentario Pedro José.