Estoy esperando.

Pasa un minuto.

Espero.

Pienso. ¿A mayor sea la espera…mayor la recompensa? ¿…o más intensa?

Espero que así sea. Y espero.

Mi culo se agranda y agranda hasta rebosar por la silla como una masa de pan gigante a la que han añadido demasiada levadura. Avanza desmesuradamente. Mi sonrisa espectante reluciente se amarillea y pudre; caries, negruras… y oscuridad en el agujero de mi cara. El plato de comida frío queda a mis pies; frío, húmedo. Y una manta de moho avanza apoderándose de mi sustento.

Y de mi alma.

Y yo espero.

Cabeza que crece, se hincha, por cabezona. Músculos que se ablandan. Debilidad. Piel que se destensa. Ojos que pierden brillo, huesecitos que castañetean… Gritos desesperados.

¡No quieren morir!

Mi recompensa ha llegado.