Érase una vez un tipo humeante
que ya había ardido por algunas amantes.
Se desprendía cuando prendía,
y entonces, el humo salía.
Humeante junto a otra emigraba
y del calor sobrante, el amor manaba.
Hasta que un día casi se abrasa
y del susto, se cuarteó en unas brasas.
Éste fue su final: arder despedazado,
mientras otros al candor se hubieran acomodado.
