Un salteado de ojos tiernos

Ojo por ojo, guisantes y habas, un poco de sal e ingenua mirada.

Estos ojos lo ven todo, y el corazón lo siente mucho. Cambian de punto de vista a golpe de sartén mientras se fríen a miradas.  El salteado propicia la visión fragmentada, variada y contrastada. Y aunque no se sabe muy bien para qué;  Salta, y mira lejos, y luego vuelve a la sartén.

Lo bueno que tienen es que actualizan su mirada. No hay conceptos anclados en la sartén de ojos saltones. Sí hay, en cambio, interés, que los ojos buscan con ahínco, hasta caer de sus órbitas. Antes se alojaban en unas tiernas cabecitas, ahora miran sin párpados y sin descanso. La realidad los fríe y la imaginación los adoba. Algunos ya han clavado su mirada contra algún tenedor injusto, que ya pagará en otra vida la osada rebeldía. El resto aprenderá a mirar hacia otro lado, entre salto y salto, esquivando el cuchillo y los comentarios afilados.

No quiero mirar. No quiero. Come ya.

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