Selva, una hierba buena

Un día fui al médico. Uno de esos días en los que tienes la oportunidad de ver el exterior a pleno sol, un lujazo. Y… en la puerta del metro había un puesto con plantas. Y me enamoré.

Así que, allá que iba yo, durante todo el trayecto de metro de vuelta al trabajo, con Selva agarrándoseme fuerte. La gente me miraba, y yo me reía. Selva y yo estábamos contentas.

Cuando llegué, todos entendieron que me la había encontrado tirada, y yo, la verdad es que no quise romperles la ilusión. Total, fue el amor igual.

Me preguntaron cómo se llamaba porque yo dije que era una mascota. Querían cazarme. Yo dije que Selva. Y, claro, se rieron. Pero ahora la adoran. La riegan. Se preocupan.

Selva nos da amor en los momentos difíciles.

Os presento a Selva.

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