Viento. DEP.

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Un día, antes de viajar a Valencia a ver a una amiga, paré a poner gasolina. En el hueco del surtidor había tres gatitos y al otro lado (del surtidor) estaba un marchito entrado en años que tenía ganas de dar la nota y se puso a darle golpes (al surtidor) con un palo de escoba para asustar a los gatitos. Un imbécil, vamos. Empecé a gritarle al señor que parara. Su mujer se subió en el coche para no formar parte del jaleo y el hombre se cansó y acabó por irse.

Los gatitos, asustados, se habían metido debajo de mi coche. Ahora debíamos sacarlos de ahí para que todos siguieran sanos y salvos pese al susto. Dos de ellos se fueron bajo coches aparcados cercanos. El tercero no lo encontrábamos. Abrimos el motor. Nada. Encendimos el motor para ver si del ruido se asustaba y salía. Nada. Dimos vueltas y vueltas al coche hasta llegar a pensar que se había ido sin que lo viéramos. Bueno, arranqué el coche y me fui a Valencia.

Llegué 45 minutos tarde contando la aventura, salimos, dormimos y el domingo, sobre las ocho, pensamos que ya era hora de volver. Mi amiga me acompañó al coche y allí, en el limpia, tenía una nota: “Por favor, tenga cuidado al arrancar que parece que hay un gatito debajo de su coche”. No podía ser. Fuimos a la casa a por jamón york y me metí debajo del coche siguiendo los maullidos. Y allí, entre un par de tubos de no se sabe qué, había una bolita de pelo encajada, asustada y llena de polución.

Llamé a mi veterinario de urgencias que me instó a llevarlo al día siguiente y lo metí en el coche y me lo llevé a casa. Ir dentro del coche en lugar de debajo debía ser tremendamente relajante. Él lo que quería es venirse adelante conmigo. Maullaba si no me oía hablar y se venía a mi regazo todo el rato. Menudo viaje cuidando de una bolsita de pelo que pensaba que su supervivencia dependía de mí.

Llegamos a casa. Mishka, el otro gato, sintió que le estaban arrebatando sus dominios y no lo llevó nada bien durante las próximas semanas. Pero debíamos cuidar del nuevo inquilino y mis padres y yo nos pusimos a bañar al gatito en agua caliente y con jabón para gatos. Ni se movía. Luego me lo llevé conmigo a dormir.

Lo dejé en la cama mientras me lavaba los dientes pero empezó a maullar y me lo tuve que llevar conmigo al baño.”No me dejes solo, por favor” le faltaba decir.

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Al día siguiente debía enseñarle que en esta casa los gatos hacían sus necesidades fuera en el campo, así que lo llevé hasta la tierra y lo dejé en su intimidad. Pasó un rato pero no volvía. Me fui a buscarlo y se había escondido asustadísimo bajo un matorral. Definitivamente era muy pronto para hacer que se desplazara tanto. Le pusimos una bandeja en el salón. Sus condominios eran todo lo que ocupaba la alfombra. Era un principio.

Otro día, todavía tan pequeño, descubrió que las escaleras eran un obstáculo insalvable entre nosotros y empezó a maullar. Había que trasladarlo contigo cada vez que te movías, como un bebé.

También superó el miedo al viento que había desarrollado en aquel viaje terrorífico por la autopista. Y aprendió a cazar.

Cazador. Hunter from Nelia Higueras on Vimeo.

¡Qué orgullosos estábamos de nuestro valiente gatito que se había hecho mayor!

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Pasó el tiempo y yo me fui, a Madrid. Preferimos que se quedara en la libertad del campo y no trasladarlo a un piso minúsculo y mi padre le llegó a coger mucho cariño. Viento cenaba con mi padre y luego se iba toda la noche de parranda hasta las 6 o las 7 de la mañana cuando mi padre salía a desayunar y él entraba a dormir. Una bonita rutina hasta que un día decidió que ya no iba a salir más. Quisimos llevarlo al veterinario pero era imposible meterlo en la cesta. Demasiado salvaje.

Bueno, estará asustado por ese gato montés que ronda por la casa de vez en cuando. Le pusimos una caja para sus cacas y nos acostumbramos a que hiciera vida casera. Aunque con un poco de pena, todo hay que decirlo.

Hasta hace unos días, que mi padre lo vio muy, muy raro y (esta vez sí que se dejó meter en la cesta) lo llevó al veterinario. El veterinario le notó un bulto. Podía ser una bola de pelo o un tumor. Así que le dio malta. Tres días después seguía igual o peor.

El veterinario se ha decidido a abrirle esta mañana de urgencias. Y encontró dos tumores. Uno en el hígado, en una esquina, y otro, completamente explotado, en el páncreas. Demasiado tarde. Hoy mi gatito se ha muerto después de sufrir durante días o tal vez mucho más.

Mi pequeño gatito asustadizo y cariñoso. Te vamos a echar mucho de menos.

 

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Esta es la última foto que le hice.

 

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